viernes, 23 de marzo de 2012

Mi confrontación con la docencia

oliverafe_confrontacióndocencia

Mi primera confrontación con la docencia llegó a una temprana edad. Yo era un buen estudiante y ya en la secundaria daba clases de apoyo a algunos amigos. No eran clases muy formales: nos reuníamos en la casa de alguno de nosotros y yo les explicaba la materia, luego realizábamos algunos ejercicios y un repaso. Generalmente estudiábamos materias como matemáticas, física o química, que eran las que resultaban más áridas para mis compañeros. Estas clases de apoyo me eran de mucha utilidad a mí mismo, pues me servían para estudiar el examen, y mientras estudiaba no sólo reforzaba mis conceptos sino que aprendía. Desde pequeño creo que siempre he tenido un ansia voraz por nuevos conocimientos, que desgraciadamente se ha ido moderando con el paso de los años, y creo que esta primera experiencia con la docencia fue la que grabó en mi mente la relación tan estrecha que existe entre enseñar y aprender, tanto es así que creo que no se puede ser un buen maestro si uno no se esfuerza por aprender a diario.

Tras este primer acercamiento pronto aprendí que de esta vocación de enseñar también se podía vivir. Durante los siguientes años y hasta que finalicé mis estudios de ingeniería dí clases particulares a alumnos de secundaria y bachillerato, aunque nunca más a compañeros de mi propia clase, para ganar algo de dinero. Este dinero me permitía tener mis gastos y seguir estudiando sin tener que recurrir constante a la ayuda de mis padres.

Sin embargo a pesar de estar varios años dando clases de apoyo a estudiantes no me había planteado como objetivo profesional la docencia. Pensaba que tras terminar mis estudios encontraría un trabajo en la industria privada que me satisficiera. Sin embargo, cuando sólo me faltaba mi tesis para acabar la ingeniería estuve buscando un trabajo a media jornada que me permitiera ganar algo de dinero mientras terminaba mis estudios. El trabajo que encontré, gracias a un maestro que había tenido unos años atrás en mi tercer año de ingeniería, fue en un laboratorio de investigación. Estuve trabajando allí incluso después de haber finalizado mis estudios, pues el trabajo realmente me gusto. Este trabajo, y toda la ayuda que me proporcionaron en él, fue lo que me impulso a estudiar la maestría. La maestría no sólo incremento mi motivación para trabajar en el mundo de la investigación, sino también de retomar la vocación de docente. A mi parecer docencia e investigación tienen que ir dados de la mano, un buen investigador debe tener la oportunidad de compartir con los estudiantes su conocimiento sobre su área de estudio, pero además un docente no será un buen docente si no actualiza constantemente en su área, y no hay mejor actualización que el estudio del conocimiento frontera necesario para crear conocimiento en la investigación.


3 comentarios:

  1. Que buena actitud, me hace ver tu rostro de un ser que ayuda a competer porque el competir nos deja muchas lagunas de lo que verdaderamente debe ser un aprendizaje significativo, como el que dejaste en ellos que estoy seguro nunca te olvidan, sigue siendo ese ser que enseña para aprender tu mismo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por su comentario. Desde luego, hay que tratar de no perder la ilusión por la docencia y no olvidar que nos trajo donde estamos.

    ResponderEliminar
  3. Mtro. Fernando, que gusto leer sus inicios en la docencia y sobre todo con alumnos de secundaria y bachillerato, de verdad, admiro a los docentes que imparten en estos niveles, porque no es nada fácil, por la edad de los alumnos, porque están en la edad de la rebeldía, etc., sin embargo, cómo usted lo menciona no hay que perder la ilusión por la docencia y no olvidar que nos trajo donde estamos. Coincido que el ser docentes e investigadores deben ir de la mano y ojala todos los docentes lo pudieramos aplicar de una u otra manera.

    ResponderEliminar