oliverafe_competircompeter
En
español existen dos verbos competir y competer, que a pesar de
provenir del mismo verbo latino (competĕre) tienen
significados distintos. Competir es más utilizado en nuestro idioma
que competer y comprende las nociones de contender, disputar,
rivalizar... Por otra parte competer significa pertenecer, coincidir
o incumbir a uno alguna cosa. La dificultad para entender la palabra
competencia es que puede referirse tanto a competir como a competer.
Nuestras
vidas están enfocadas a la competencia, en el sentido de
competición. En la competición siempre se pierde o se gana. En las
ocasiones en que existe un empate, casi siempre se pospone la
elección del ganador y el perdedor hasta un nuevo enfrentamiento.
Competimos en el trabajo por un ascenso, competimos por un asiento en
el metro o por un estacionamiento para nuestro vehículo, competimos
por ganarnos la simpatía de ese mejor amigo que compartimos con
otros amigos no tan buenos. Al fin y al cabo siempre estamos
compitiendo, y casi siempre –por pura estadística– perdemos.
Para que unos puedan ganar muchos otros tendrán que conformarse con
perder, por mucho que traten de disfrazar esta derrota como una
victoria pírrica.
Esta
competición nos viene inculcada desde niños, siendo la escuela uno
de esos lugares en los que tradicionalmente se nos ha obligado a
competir, y todavía, en gran medida, se obliga a las nuevas
generaciones a seguir compitiendo. Es necesario un cambio de visión.
Muchos aún pugnan por educar a sus niños en la competición,
alegando que esto los hará fuertes en los momentos difíciles de la
vida y les enseñará a superar los obstáculos. Lo que no se dice es
que la superación de esos obstáculos a menudo implica pasar por
encima de los demás.
Debemos
cambiar este modelo por uno basado en competencias, esta vez de
competer. Debemos ser competentes en nuestro trabajo, debemos ser
competentes en nuestras relaciones con los demás y en muchos otros
aspectos de la vida diaria. Este tipo de competencia implica que
estamos preparados para la vida diaria, preparados para realizar bien
nuestras tareas pero sin necesidad de pasar por encima de los demás.
Un modelo basado en este tipo de competencias fomenta el trabajo en
equipo, la colaboración, que las personas se ayuden unas a otras. En
definitiva un modelo más sano para la sociedad.
Debemos
enseñar a nuestros alumnos a todos los niveles a ser competentes.
Deben desarrollar las competencias necesarias para los retos que les
demandará la vida, pero estas competencias sí han de fomentar un
aprendizaje colaborativo, un aprendizaje donde el docente es más un
guía que facilita el aprendizaje que un maestro tradicional.
Las
Tecnologías de la Información y la Comunicación deben ayudarnos en
esta tarea, haciéndonos más competentes y no más competitivos. Es
necesario fomentar el desarrollo de lo que llaman inteligencia
colectiva, una forma de inteligencia que surge de la colaboración.
Internet debe ser, y en muchos aspectos ya es, una fuente de
información puesta libremente a disposición de los demás, para que
puedan sacarle el partido necesario.
Es
cuestión de competer y no de competir, pero sobre todo de formar
personas competentes y no competidoras.
Bien, señalas la rivalidad, esto es tratar de combatir con el que aprende, esto es una actividad que compete a ti como docente, retarlo con tu proyecto de acción y tienes que ganar tú en este ánimo de aprehender de ellos, bueno tu planteamiento de la diferencia de competir y competer.
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