viernes, 23 de marzo de 2012

Del acto de Competir, al acto de Competer en la Docencia

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En español existen dos verbos competir y competer, que a pesar de provenir del mismo verbo latino (competĕre) tienen significados distintos. Competir es más utilizado en nuestro idioma que competer y comprende las nociones de contender, disputar, rivalizar... Por otra parte competer significa pertenecer, coincidir o incumbir a uno alguna cosa. La dificultad para entender la palabra competencia es que puede referirse tanto a competir como a competer.

Nuestras vidas están enfocadas a la competencia, en el sentido de competición. En la competición siempre se pierde o se gana. En las ocasiones en que existe un empate, casi siempre se pospone la elección del ganador y el perdedor hasta un nuevo enfrentamiento. Competimos en el trabajo por un ascenso, competimos por un asiento en el metro o por un estacionamiento para nuestro vehículo, competimos por ganarnos la simpatía de ese mejor amigo que compartimos con otros amigos no tan buenos. Al fin y al cabo siempre estamos compitiendo, y casi siempre –por pura estadística– perdemos. Para que unos puedan ganar muchos otros tendrán que conformarse con perder, por mucho que traten de disfrazar esta derrota como una victoria pírrica.

Esta competición nos viene inculcada desde niños, siendo la escuela uno de esos lugares en los que tradicionalmente se nos ha obligado a competir, y todavía, en gran medida, se obliga a las nuevas generaciones a seguir compitiendo. Es necesario un cambio de visión. Muchos aún pugnan por educar a sus niños en la competición, alegando que esto los hará fuertes en los momentos difíciles de la vida y les enseñará a superar los obstáculos. Lo que no se dice es que la superación de esos obstáculos a menudo implica pasar por encima de los demás.

Debemos cambiar este modelo por uno basado en competencias, esta vez de competer. Debemos ser competentes en nuestro trabajo, debemos ser competentes en nuestras relaciones con los demás y en muchos otros aspectos de la vida diaria. Este tipo de competencia implica que estamos preparados para la vida diaria, preparados para realizar bien nuestras tareas pero sin necesidad de pasar por encima de los demás. Un modelo basado en este tipo de competencias fomenta el trabajo en equipo, la colaboración, que las personas se ayuden unas a otras. En definitiva un modelo más sano para la sociedad.

Debemos enseñar a nuestros alumnos a todos los niveles a ser competentes. Deben desarrollar las competencias necesarias para los retos que les demandará la vida, pero estas competencias sí han de fomentar un aprendizaje colaborativo, un aprendizaje donde el docente es más un guía que facilita el aprendizaje que un maestro tradicional.

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación deben ayudarnos en esta tarea, haciéndonos más competentes y no más competitivos. Es necesario fomentar el desarrollo de lo que llaman inteligencia colectiva, una forma de inteligencia que surge de la colaboración. Internet debe ser, y en muchos aspectos ya es, una fuente de información puesta libremente a disposición de los demás, para que puedan sacarle el partido necesario.

Es cuestión de competer y no de competir, pero sobre todo de formar personas competentes y no competidoras.

1 comentario:

  1. Bien, señalas la rivalidad, esto es tratar de combatir con el que aprende, esto es una actividad que compete a ti como docente, retarlo con tu proyecto de acción y tienes que ganar tú en este ánimo de aprehender de ellos, bueno tu planteamiento de la diferencia de competir y competer.

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